1956-2021
‘Lerroa, kolorea eta arima’
‘Linea, color y alma’
Francisco Javier Martínez Riazuelo, primogénito de los cinco hijos de Concepción Riazuelo y Roberto Martínez, nació en Barbastro, Huesca, el 15 de diciembre de 1956, pero pasó en Pamplona muchos años de su vida, donde fue Xabi para sus amigos.

Su vida estuvo marcada por los constantes cambios de domicilio: primero por requerimientos del oficio del padre y después por la búsqueda de un lugar donde desarrollar su vocación artística. El primer traslado en 1964 los llevó a la localidad valenciana de Ademuz, y cinco años después llegaron a Estella.

A pesar de no tener estudios especializados en escultura, se las arregló para poder formarse por su cuenta en esta disciplina, que será su predilecta, y para rodearse de buenos profesionales que le acompañaron.

Durante este tiempo aprendió a hablar euskera de forma autodidacta, hasta el punto que se convirtió en profesor de esta lengua (en Arturo Campión), que siempre ocupó un lugar muy especial en su pensamiento.

La segunda mitad de la década de los setenta resultó estimulante y productiva para Martínez Riazuelo. Conoció y se imbuyó en el lenguaje artístico con el que más cómodo se encontró durante toda su vida: la escultura. También en esta época entró en contacto con los escultores Koldo Azpiazu, Remigio Mendiburu y Koldo Alberdi trabajando para ellos.

Amplió sus conocimientos sobre escultura de forma autodidacta, recibiendo la influencia de figuras como Giacometti, Brancusi, Moore, Malevich y el propio Jorge Oteiza, cuyo estudio frecuentaba. De igual manera le interesaron las manifestaciones de tiempos pasados como el románico y las culturas precolombinas, así como de otras culturas como la bereber, la africana, celta, íbera.

En esta época, y hasta 1984, se dedicó profesionalmente a la enseñanza del euskera, y comenzó a trabajar como tallista y marmolista en el Cementerio de Pamplona. Este duro y exigente oficio le permitió conocer el trabajo con la piedra, que se convirtió en su lenguaje artístico predilecto durante toda su vida. Continuó su aprendizaje manteniendo contacto creativo con figuras de la escultura navarra como José Ulibarrena, Alberto Orella, José Rota o Alfredo Sada.

Entre 1982 y 1984 formó parte del colectivo de ceramistas MAIDE, en Porcelanas del Norte (Pamplona), donde aprendió la técnica de moldes de su amigo Manuel Escartín, y trabajó la porcelana blanca y el gres.

1984 fue para él un buen año, ya que la Casa de Cultura de Burlada acogió su primera muestra monográfica, comisariada por Javier Zubiaur, y otra en el Palacio de Vallesantoro de Sangúesa. Durante los años siguientes participó en distintas exposiciones colectivas como la del Concurso de Diseño Artesano (Caja Laboral Popular, Pamplona, 1985), en el II Concurso de Escultura del Ayuntamiento de Arrasate-Mondragón (Guipúzcoa, 1986), y nuevamente una individual en la Caja Laboral de Pamplona el año siguiente. Ese mismo año fue seleccionado en el III Concurso de Escultura de Arrasate-Mondragón, lo que conllevó la instalación de una de sus obras en un espacio público de la localidad.

Maqueta simposium Arrasate
Hasta este momento vivió en distintos domicilios fuera de la casa familiar, pero la evolución de su enfermedad hizo que se trasladara a vivir con sus padres en 1989. Un año después de jubilarse, su padre se trasladó a San Cugat del Vallés (Barcelona) y él siguió a la familia. Este fue un momento duro para él como artista, ya que tuvo que dejar su taller de Aizpún, con todo lo que eso suponía: ya no disponía del espacio ni de las herramientas necesarias para trabajar esculturas de gran tamaño. Hasta ese momento, su aproximación a la práctica artística había sido amateur, sin ningún tipo de formación reglada más allá del acompañamiento de otros escultores y artistas, así como de lecturas e investigaciones que llevó a cabo por su cuenta. En San Cugat realizó y acabó con éxito estudios de ilustración en de la Escuela de Arte y Diseño (EAD).

En 2002 la familia estaba de vuelta en Pamplona, aunque esta vez Xabier no residió en la casa familiar sino en Eugui primero y en la casa parroquial de Urdánoz después, gracias al párroco don José Luis Vera Arretxe. Allí se dedicó a la pintura. En este tiempo su enfermedad se agudizó y a ella se sumaron varias operaciones por problemas de espalda.

Fue una época de aislamiento, sobre todo durante la pandemia de la Covid 19, en la que se dedicó a dibujar, a escribir un método propio para tocar la guitarra, a componer música… En 2021 fue diagnosticado de cáncer, falleciendo en mayo de ese mismo año.
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Textos de Silvia Sádaba. tomados del catalogo de la exposición en el Palacio del Condestable de Navarra en Pamplona.
Enlace a la página de Pamplona Cultura: https://www.pamplonaescultura.es/exposiciones/xabier-martinez-riazuelo-linea-color-y-alma/



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